23 septiembre 2014

Kit de tatuaje en la Grotte du Mas d'Azil (Ariége) de 12.000 años de antigüedad.



Probablemente nunca sabremos donde y cuando se originó la práctica del tatuaje; sí sabemos que el origen de  la pintura corporal aparece asociado, además de a nuestra especie, a nuestros parientes los Neandertales. La relación de neandertales con minerales y pigmentos como dióxido de manganeso y ocre, así como con pinceles primitivos en varios yacimientos (Terra Amata, Pech d l' Azé, Arcy - sur- Cure o Cueva de los Aviones) parece sugerir la práctica de decoración corporal.

Nuestra especie, Homo sapiens, también ha practicado desde sus orígenes la pintura corporal; las motivaciones que llevaron a los seres humanos a esta costumbre pueden responder a diversos motivos que oscilan entre lo práctico, lo social o lo simbólico. Atendiendo a la etnografía comparada, muchos de los llamados pueblos primitivos utilizan o impregnan su cuerpo de ocre con finalidades prácticas (defensa contra parásitos, protección solar o antiséptico) o sociales (distinción, jerarquía, pertenencia a un grupo...), además de como ornamentación personal.

Sin embargo, en un momento dado de la historia de las sociedades del pasado, surgió la necesidad de plasmar de forma permanente ese dibujo corporal, mediante el tatuaje o las escarificaciones. En al arte mueble del paleolítico superior tenemos varias evidencias indirectas de estas prácticas. La estatuilla del hombre-león de Hohlenstein-Stadel, o la estatuilla de mujer de Hohle Fels, son algunos ejemplos de la recreación de personas del período auriñaciense con dibujos o escarificaciones corporales.

Ilustración que representa la técnica de tatuaje utilizada por los Maoríes

Pero pocas veces el registro arqueológico ha dejado evidencias directas de la práctica del tatuaje durante el Paleolítico superior; en este sentido, la prueba más antigua de la existencia de un kit de herramientas usado para el tatuaje, se descubrió en Mas d'Azil, en el sur de Francia, en niveles magdalenienses excavados y datados en unos 12.000 años de antigüedad. 

Las excavaciones dirigidas por Saint-Just Péquart y Marthe Péquart durante los años 1937 y 1943, dieron como resultado la recuperación de este kit de herramientas usadas para el tatuaje; los arqueólogos, atendiendo a la similitud con otras herramientas documentadas en estudios etnográficos y utilizadas para tal fin, estaban convencidos de que los hallazgos de Mas d'Azil estaban relacionados con la cultura del tatuaje.

Saint-Just Páquart, escribió a su esposa sus conclusiones en relación a distintas excavaciones  poco antes de morir ejecutado en 1944; ya en el año 1962, y un año antes de fallecer, Marthe Péquart publicaba "“Grotte du Mas d’Azil (Ariége), Une nouvelle galerie magdalénienne” in Annales de Paléontologie. 48:167-296, pp. 211-214".

En este artículo se comentaban los hallazgos y conclusiones del matrimonio Péquart en relación al kit de herramientas utilizadas para el tatuaje de Mas d'Azil.

La ilustración de abajo aparece en el artículo mostrando los hallazgos que estamos comentando:




En las excavaciones se recuperaron gran cantidad de nódulos de ocre, algunos de los cuáles fueron pulidos y afilados en forma de lápiz (figura a), mientras que otros fueron pulidos y presentan marcas de raspado (figura b).

A pesar de que otras galerías de Mas d' Azil contienen arte parietal, la ausencia del mismo en la galería en la cuál se recuperaron las herramientas comentadas sugería, según los investigadores, que estos hallazgos estaban relacionados con la decoración corporal.

Siguiendo con la leyenda de la ilustración, comentar que la figura c muestra una representación de una serie de utensilios de hueso que presentan marcas de uso y desgaste, así como manchas, como resultado de moler y triturar los nódulos de ocre.

La figura d es una contenedor de tres patas usado para mantener y mezclar los pigmentos; está formado a partir de un "Innominata" o Hueso coxal de reno, y presentaba huellas o manchas de pigmentos rojos y negros.

La figura e muestra una espátula con marcas de pulimentos y manchas de ocre rojo,  mientras que la figura f nos muestra una pasta de ocre que ha sido mezclada con arcilla y un aglutinante que lo hizo maleable, fue amasada a mano y convertida en una especie de placa que presenta agujeros como resultado de agujas clavadas en ella. Supuestamente se insertan las agujas en la masa y se extraen sacando el colorante; el kit de agujas de hueso que oscilan entre los 8 y 11 centímetros están manchadas de color (figuras g-h) y presentan además unas ranuras que van hasta casi la punta, por lo que los arqueólogos creen que han sido usadas para grabar la tinta en el cuerpo.

Las conclusiones de los Páquart se basan en la etnografía comparada y el análisis etnohistórico de las sociedades tradicionales que tienen una cultura del tatuaje; en este sentido las agujas como instrumento de tatuar forman parte de un kit de herramientas más amplio, y los hallazgos de Mas d' Azil encajan entro de este marco que define esta práctica.

En la imagen de abajo vemos tres tipos de utensilios o formas de tatuar de distintas culturas que han sido utilizadas para comparar:




La práctica del tatuaje hunde sus raíces en el paleoĺitico superior; incluso podemos pensar en un origen en la Middle Stone Age africana, donde se han recuperado en diversos lugares grandes cantidades de ocre, incluido un taller destinado a la producción, si bien no aparece un conjunto más amplio de herramientas en el mismo lugar que parezcan destinadas a la práctica del tatuaje, aunque sí quizás a la decoración corporal no permanente; en períodos posteriores dentro del marco de la prehistoria se han recuperado evidencias que ya no dejan lugar a dudas, como es el caso de los tatuajes de Otzi, el "Hombre de los Hielos", que vivió hace unos 5.300 años (Edad del Cobre).


Tatuaje en la espalda de Otzi visto con luz ultravioleta © EURAC Research


Otzi tiene un total de 57 tatuajes; no estaban hechos con aguja, sino con pequeños cortes que luego se frotaban con carbón, creando una serie de líneas, cruces y rayas que están localizadas en zonas en las que Otzi tenía heridas o padecía de dolores derivados de patologías, como la espalda o las articulaciones, lo que ha dado pie a algunos investigadores en concluir que estamos ante una práctica ancestral de la acupuntura.

Algunos tatuajes de Otzi

En el macizo de Altai, en la parte rusa de la cordillera, fueron descubiertas tres momias de unos 2.500 años de antigüedad. Corresponden a la cultura nómada de Pazyryk, que se prolongó desde la Edad del Bronce hasta el siglo V a.C. Las momias pertenecen a la llamada "princesa de Ukok" y a dos guerreros. 

Reconstrucción de los tatuajes de la pricesa de Ukok


Fotografía de tatuaje en el hombro de la princesa de Ukok


Ilustración de Elena Shumakova recreando los tatuajes de los dos guerreros hallados junto a la princesa

Así pues, vemos que la práctica del tatuaje es una constante a lo largo de la Prehistoria, y hunde sus raíces en el Paleolítico superior; sólo atendiendo a la etnografía comparada podemos especular el motivo que llevó a nuestros antepasados la necesidad de plasmar de forma permanente en el cuerpo motivos decorativos; las razones, como vimos, pueden ser muchas, desde la ornamentación personal hasta la distinción social dentro de un clan o identificación de pertenencia a un grupo más amplio, como seña de identidad colectiva.