Fragmento de ocre con incisiones hallado en Asia oriental, con 80.000 años de antigüedad, aporta nuevas evidencias sobre la evolución del uso del ocre en el Paleolítico
Journal of Human Evolution publica un artículo titulado "An early Late Pleistocene ochre from the Luonan Basin, central China", en el que los autores presentan una de las evidenicas más antiguas de ocre grabado con incisiones en Asia oriental.
El trabajo estudia un fragmento de ocre con marcas de modificación intencional descubierto en el yacimiento de Yanling, situado en la cuenca de Luonan, en las montañas Qinling, en China central. Esta región tiene una importancia especial para la arqueología del Paleolítico chino, ya que durante más de tres décadas se han documentado allí numerosos yacimientos y decenas de miles de artefactos líticos.
En Yanling se realizó una excavación de urgencia en 2012, durante la cual se recuperaron 856 artefactos de piedra.
El objetivo principal de la investigación era determinar:
- Qué era exactamente el material encontrado.
- Qué antigüedad tenía.
- Si las marcas de su superficie eran resultado de actividad humana intencionada o de procesos naturales.
- Qué nos podía decir el objeto sobre el uso del ocre y la complejidad del comportamiento humano en Asia oriental durante el Pleistoceno tardío.
El hallazgo es importante porque, según los autores, se trata del fragmento de ocre con incisiones más antiguo conocido hasta ahora en Asia oriental, con una antigüedad aproximada de 80.000 años.
El fragmento de ocre estudiado, identificado como YL-394, apareció asociado a otros artefactos líticos en el nivel 3 del yacimiento, dentro de una secuencia de loess y paleosuelos. Este contexto estratigráfico es importante porque el objeto no procede simplemente de una superficie alterada, sino de un nivel arqueológico definido.
Para datar el fragmento y determinar la antigüedad del mismo, los investigadores aplicaron diferentes técnicas de luminiscencia a los sedimentos del yacimiento, entre las que se encuentran OSL (Optically Stimulated Luminescence) y TT-OSL (Thermally Transferred OSL) Los resultados sitúan el nivel arqueológico en torno a 80.000 años de antigüedad, situando el fragmento recuperado dentro del Pleistoceno superior, una época especialmente importante para estudiar la evolución de comportamientos complejos en diferentes regiones del mundo.
Los investigadores realizaron, además, un análisis físico-químico con la finalidad de comprobar la naturaleza del material. Los resultados muestran una composición dominada por minerales ricos en hierro y arcillosos. Entre los minerales identificados se encuentran: hematita, magnetita, illita, caolinita y clorita. También se detectaron elementos como el oxígeno, silicio, aluminio, potasio y hierro, además de magnesio, azufre, calcio y titanio. La combinación de estos análisis confirma que el objeto es efectivamente un material natural rico en hierro compatible con el ocre.
En los análisis se hallaron tres tipos de marcas incisas en el fragmento. Las más sólidas como evidencia de acción humana son unas incisiones profundas, regulares y en V en la zona superior, hechas con una herramienta de piedra. En un lateral hay una ranura ancha y superficial, también posiblemente humana. En la parte superior hay líneas finas y paralelas, probablemente por raspado, aunque los autores son prudentes y no descartan que puedan deberse a procesos naturales.
El análisis permite establecer distintos niveles de certeza:
- Con seguridad se afirma que es un fragmento de ocre natural de unos 80.000 años, con modificaciones intencionadas hechas con herramientas líticas (incisiones profundas y en V).
- En cambio, resulta más incierto si ese ocre se usó como pigmento, si tuvo una función tecnológica o simbólica. Aunque las marcas son deliberadas, los investigadores advierten que no equivalen automáticamente a un símbolo; interpretarlas como tal requeriría más pruebas.
La relevancia del hallazgo va más allá de tratarse de un ocre antiguo: se suma a pruebas que cuestionan la visión simplista de que las poblaciones de Asia oriental eran culturalmente más simples que las de África o Eurasia occidental. El fragmento de Yanling se integra en un registro creciente de comportamientos complejos (como huesos grabados con ocre en Lingjing o procesamiento deliberado en Xiamabei) y, además, retrasa la evidencia de ocre inciso intencionadamente en la región.
Tenemos los datos, pero vamos a dale un poco más de contexto general.
El término ocre se utiliza para designar un conjunto de materiales naturales ricos en óxidos e hidróxidos de hierro. Entre sus principales componentes se encuentran la hematita , responsable de las tonalidades rojas, la goethita, asociada a colores amarillos y pardos, y otros minerales ferruginosos.
Su composición puede variar considerablemente según el origen geológico, incorporando arcillas, silicatos y otros elementos. Esta diversidad mineralógica explica la amplia gama cromática de los pigmentos naturales.
En el registro arqueológico, el ocre puede aparecer como:
- nódulos o fragmentos minerales
- polvo y residuos de molienda
- piezas con superficies abrasionadas o raspadas
- pigmento procesado y mezclado con otros materiales
- residuos sobre herramientas y objetos
- pigmento asociado a enterramientos
- restos en ornamentos y objetos personales
- pigmento empleado en representaciones gráficas
Esta diversidad resulta fundamental para interpretar el uso que le daban las poblaciones del Pleistoceno.
Las evidencias más antiguas de selección y utilización de materias colorantes se remontan al Pleistoceno Medio, especialmente en África. El registro arqueológico del yacimiento de Twin Rivers, en Zambia, demuestra la selección y utilización de minerales ferruginosos, incluyendo materiales procedentes de fuentes alejadas del yacimiento. Del mismo modo, Olorgesailie, en Kenia, y Kapthurin Formation proporcionan igualmente evidencias tempranas de selección y transporte de materias colorantes.
En Sudáfrica, yacimientos como Duinefontein, Border Cave, Blombos Cave y Klasies River permiten observar una evolución hacia contextos cada vez más diversos. El caso de Blombos es particularmente significativo debido a que se documentó un conjunto de unos 100.000 años compuesto por ocre, herramientas de piedra, hueso, carbón y conchas que pudieron actuar como recipientes para una mezcla pigmentaria, un espacio de trabajo específico para la producción de ocre. Este hallazgo no demuestra por sí solo qué uso final tuvo el pigmento, pero sí demuestra algo fundamental: la capacidad de producir y conservar deliberadamente una sustancia pigmentaria mediante una cadena operativa compleja.
En Europa también existen evidencias tempranas. Terra Amata, Maastricht-Belvédère ,Achenheim, etc... muestran que las poblaciones humanas del Pleistoceno Medio —incluidos grupos relacionados con la liínea evolutiva de los neandertales— conocían y utilizaban materias minerales de coloración intensa. Ya en el Pleistoceno suoperior, los neandertales también utilizaron "lápices de ocre" en Crimea.
El Levante mediterráneo ofrece algunos de los contextos más interesantes para analizar la relación entre pigmento y comportamiento funerario. En Skhul y Qafzeh, el ocre aparece asociado a enterramientos humanos. En Tinshemet Cave, la concentración de pigmentos en niveles relacionados con restos humanos constituye una evidencia particularmente relevante para discutir la dimensión ritual de estas prácticas.
Durante el Pleistoceno Superior, el uso de pigmentos en Asia se vuelve progresivamente más visible, con una amplia distribución geográfica que abarca desde China hasta el Sudeste Asiático.
En China, los casos más antiguos se localizan en Lingjing (125.000–105.000 años), donde el ocre aparece junto a huesos modificados. Más tarde, en Yanling (cuenca de Luonan), el yacimiento que es tema central de esta entrada del blog, destaca un artefacto de ocre con incisiones deliberadas, lo que sugiere una modificación intencional de la materia pigmentaria. Hacia los 40.000 años, el yacimiento de Xiamabei documenta un procesamiento más sistemático del ocre. En Zhoukoudian Upper Cave, el ocre se asocia con objetos ornamentales y residuos pigmentarios, lo que apunta a una posible vinculación entre pigmento, adorno y prácticas sociales.
En India, el sitio de Torajunga amplía el registro del uso de pigmentos en la región.
En el Sudeste Asiático, el yacimiento de Leang Bulu Bettue, en la isla de Sulawesi (Indonesia), proporciona evidencias claras de procesamiento y uso de pigmentos durante el mismo periodo.
Un hallazgo clave en la isla de Muna (Indonesia), concretamente en el abrigo rocoso de Liang Metanduno, ha revelado un estarcido de mano realizado con pigmento rojo cuya antigüedad mínima es de 67.800 años, determinada por datación U-Th de la calcita que cubre la representación. La gran relevancia de este descubrimiento radica en que el pigmento no actúa como un simple material procesado, sino como un medio de representación gráfica, lo que supone un salto cualitativo en la comprensión del uso simbólico de los colorantes. Es importante matizar que la datación corresponde a la capa de calcita que recubre la imagen, por lo que ofrece una edad mínima, no la fecha exacta de ejecución del pigmento, lo que quiere decir que podría ser más antiguo. El hallazgo redefine la cronología de las prácticas gráficas humanas y confirma que la producción de imágenes mediante pigmentos ya estaba presente en el Sudeste Asiático durante el Pleistoceno, ampliando significativamente el mapa geográfico y temporal del arte rupestre temprano.
El registro australiano incorpora otra dimensión. En Lake Mungo, en Nueva Gales del Sur, el ocre aparece asociado a enterramientos humanos de aproximadamente 42.000–40.000 años. Este contexto amplía geográficamente la presencia de prácticas funerarias relacionadas con pigmentos y demuestra que el uso del ocre no constituye una tradición exclusiva de África, Europa o Asia occidental.
Mapa- David Sánchez sobre base cartográfica realizada con Chat Gpt


La aparición de estas prácticas en regiones geográficamente muy distantes plantea una cuestión fundamental: ¿se trata de una tradición cultural transmitida entre poblaciones o de comportamientos que pudieron surgir de manera independiente?
Con los datos disponibles, no existe una respuesta sencilla, sin embargo es cierto que los distintos hallazgos de ocre en Asia meridonal, el sudeste asiático y Australia coinciden con las evidenias de expansión de Homo sapiens desde el Próximo oriente.
Todos estos contextos sugieren que, al menos en determinados casos, el ocre pudo formar parte de actividades relacionadas con el tratamiento de los muertos.
Sin embargo, el registro no muestra una aparición repentina del ocre como elemento simbólico. Más bien parece reflejar una diversificación progresiva de comportamientos.
Si bien durante las primeras fases, la evidencia se relaciona principalmente con la selección y transporte de materias primas, posteriormente aparecen indicios más claros de procesamiento y, en algunos contextos, asociaciones con enterramientos, ornamentación y producción gráfica.
El ocre tuvo múltiples funciones durante el Paleolítico, aunque su identificación arqueológica es compleja porque una misma materia prima pudo tener diversos usos. Los principales usus propuestos del ocre según el registro arqueológico y en base a paralelismos etnográficos son los siguientes:
- Pigmentación y coloración: Uso evidente para teñir objetos o superficies.
- Decoración corporal: Posible aplicación sobre la piel, con propiedades que lo favorecían, pero con evidencia directa excepcional, más bien basada en paralelismos etnográficos del siglo pasado.
- Funciones tecnológicas: Incorporación en adhesivos, mezclas o tratamientos de materiales, requiriendo análisis específicos para cada caso.
- Propiedades funcionales: Posibles usos como repelente, antiséptico o secante, con apoyo experimental pero no generalizables arqueológicamente.
- Prácticas funerarias: Asociación recurrente con restos humanos en yacimientos como Skhul, Qafzeh o Lake Mungo, sugiriendo un posible significado ritual o simbólico.
- Ornamentación: Relacionado con objetos personales, como en Zhoukoudian Upper Cave (China).
- Expresión gráfica: Uso para crear imágenes, destacando el ejemplo de Liang Metanduno (isla de Muna), con representaciones en rojo durante el Pleistoceno.
En conclusión, todas estas funciones deben tratarse como hipótesis contextuales y no como explicaciones universales del uso del ocre.
La historia del ocre durante el Paleolítico no responde a un único evento ni a una transformación repentina, sino que muestra una trayectoria compleja y gradual a lo largo de cientos de miles de años.
Inicialmente, grupos humanos ya seleccionaban minerales de colores intensos y, en ocasiones, los transportaban desde fuentes lejanas. Con el tiempo, aparecen evidencias cada vez más claras de procesamiento y transformación, y el ocre se asocia a contextos diversos: enterramientos, objetos personales o cadenas tecnológicas complejas. En casos excepcionales, el pigmento llega a utilizarse como medio gráfico para transmitir información visual.
El registro arqueológico no permite señalar un momento único en que el ocre "se convirtió" en símbolo, ni asumir que todos sus usos tuvieron una finalidad simbólica. La selección, el transporte o el procesamiento de la materia no implican necesariamente simbolismo o ritual; su significado depende del contexto de aparición.
Fuentes principales:
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